El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza. Arturo Jauretche
Continuando con el Plan Quinquenal de CM's, el Primer Actor, Enrique Pinti.
En 1998 fuimos con unos amigos a Cuba. Una noche, en La Habana, consultamos qué podíamos hacer. Estábamos en las afueras de la ciudad, parando en una casa de familia, en el Bronx, lejos del vallado turístico. Nos recomendaron difusamente un show en vivo. Quedaba en un edificio más parecido a una subsecretaría que a un teatro. Preguntando supimos que, sin exagerar, mil pisos para arriba, sin ascensores en dos islas a la redonda, había un café concert. O lo que acá llamaríamos así. Alguien bailó, alguien cantó y alguien dio un show humorístico que culminó con ese monólogo de Enrique Pinti, que dice “pasan estos, pasan los otros; quedan los artistas”.
No me cae mal Pinti, es un personaje difícil de asimilar, raro, pero me cae bien. Eso sí, le queda grande el rol de analista lúcido de la realidad. A lo sumo, interpreta mejor que nadie el sentido común de los lectores de Clarín, como una publicidad de Michetti o como cualquier charla en la cola de un banco. Quiero decir, Pinti no es un pensador. En su sucesión vocal, que no precisa la respiración, pude mechar quince lugares comunes con una gracia. O lo que causa gracia es la manera, y no lo que dice. Porque si uno desgrana su discurso, pide la desgrabación, y lo lee atentamente, no encontrará allí pensamientos preclaros ni ironías sutiles, sino una ristra de insultos livianos más un nihilismo alegre y resignado en partes iguales, todo hilvanado velozmente. Quien haya leído un artículo suyo lo confirmará. Lo que causa gracia no es lo que dice, es Pinti.
Ahí radica el carisma de Enrique, en que se ríe primero de si mismo, y al reírse de él más tarde se ríe de su clase, la media. Y después se ríe de los políticos que representan a esa clase media. La formula es esa. No se ríe desde afuera, se reconoce parte. Subraya sus propias miserias para después identificar las miserias de la sociedad a la que pertenece, pertenecemos. Y eso resulta, no hay duda: genera empatía en algunos y admiración en otros.
Luis Majul con una sonrisa impertérrita y una afirmación por cabeza puede recorrer la realidad nacional desde la mirada de Pinti, como si Pinti fuese Jauretche. El error es Majul. Pinti es mucho más sabio que su público, porque no se la cree.
Y mientras ese monólogo de Enrique no sólo perdure sino que trascienda las fronteras y se consustancie con una realidad tan distinta como la cubana, será un artista. Y quedará.
Dedicado a la comentarista anónimo de ayer a las 9.09 PM, que se comió 7 niapalos al hilo.
Resulta incomprensible cómo tantos ciudadanos están dispuestos a votar de diputado a un "completo desconocido". No desconocido él sino su pensamiento y pasado. Hablamos de Francisco de Narváez, el millonario que aparece de buenas a primeras como lo nuevo de la política, que venís a ser vos.
Y es extraño porque De Narváez más allá de su payasezco presente estudiado al dedillo no sólo es el tipo que tiene un canal de televisión o el magnate que terminaría siendo ministro de Desarrollo Social de la tercera presidencia de Menem. Además es un actor que intervino de manera directa en la vida de las personas y opinó sobre diversos temas.
Porque hay que decir que existe un coro periodístico benévolo para con el colombiano, al que se lo trata como un mecenas de romos punteros en el mejor de los casos. Por ejemplo, cuando el gobierno neuquino ordenó reprimir docentes y mató al maestro Carlos Fuentealba, el Colorado dijo que Sobisch “hizo lo que tenía que hacer como funcionario público”.
Está diciendo que va a reprimir la protesta social.
En un plenario en Harvard explicando su rol directivo en Casa Tía contó: “Despedí a todos, desde los cajeros hasta las secretarias de los gerentes. Fue una decisión difícil, que todavía me pesa. Es una tontería pensar en ella en términos de justicia. No hay justicia”.
Está diciendo que apoya el ajuste, la flexibilización laboral y que desprecia la justicia social.
Más inquietante es la manera en que los medios entresacan sus declaraciones, se hacen eco de la agenda que él busca reproducir, lo edulcorado y feliz que resulta su caricatura en ShowMatch, el desgano con que siguen sus posibles hechos de corrupción, desde la irregular adjudicación del predio de La Rural al sideral incremento de su patrimonio. Ni que hablar de las cosas que no sabemos porque no se investigan.
Hace poco en una entrevista en un canal de cable, apropósito de la cantidad de dinero que usa para su campaña, De Narváez deslizó que no estaba cometiendo un ilícito porque no era para difusión de un partido sino que era “una inversión a título personal”. Quien invierte en el mejor de los casos quiere recuperar lo que puso. Cuando no ganar.
La repregunta está en Hawai, pidió licencia con goce de sueldo hasta el 29.
Volviendo al comienzo, a la par de Michetti, De Narváez es uno de esos candidatos que esconden más de lo que dicen. Habrá que dilucidar lo que oculta.
Ricardo Roa inventó tiempo atrás el Olé, diario deportivo que gracias a los bajos costos –está hecho por pasantes- se convirtió en uno de los productos más rentables de Grupo y que le valió al bueno de Ricky su meteórico ascenso a editorialista de Clarín.
El equivalente audiovisual de la renta loca sin grandes costos es Volver, canal que se hace a pura lata, es decir, sin producción, y, lo que es peor, sin pagarles a los actores “el bolo” por sus apariciones en los diferentes productos que emiten.
El otro día estaba haciendo zapping y me colgué en Volver con un programa que veía cuando era chico, Chance, con el hijo de Rodolfo Bebán como protagonista y con Gius como autor (?). Cuántos recuerdos del viejo canal 9 de Romay, tipo que si le pagaba a los actores, y que los actores amaban, precisamente, porque daba trabajo, y mucho.
Me topé con este aviso institucional.
Más allá de los golpes bajísimos dirigidos a los viejos que miramos ese canal (yo lo miro por motivos exclusivamente antropológicos) lo que más me sorprendió es la caradurez, aunque ya no me debería sorprender nada más. A los actores no le pagan pero usan los nombres de los artistas como si gracias a Volver ellos tuviesen una renta. No, es al revés, lucran con sus imágenes, no pagan nada, y encima ahora se las dan de guardianes de la memoria colectiva.
Sin ir más lejos terminan el institucional con el gesto adusto, con la palabra confusa dirigida a los desinformados con el “no entiendo” (señora: sino entiende, infórmese), y la frase “no perdamos la memoria”, frase que en un canal de Ernestina Herrera de Noble suena temeraria.
Seguramente es el canal con menos producción propia de toda la grilla de programación. No tienen un solo programa propio, no tienen periodistas, no tienen editores, iluminadores, camarógrafos, actores, nada tienen. El locutor y un programador deben ser todo el personal de ese canal, que además se turnan para atender el teléfono. Esto es tan así que el único producto elaborado por Artear en este último tiempo debe ser precisamente este institucional con dos cámaras, un director y esa actriz que no entiende, y por no entender se pone a hacer pucheros en primerísimo primer plano, Films.
Canal que ni siquiera cambió su imagen de marca en los últimos 4 años, con los mismos separadores vistos hasta al hartazgo, con ese latiguillo que cada vez que lo veo me enerva, ese de “seguimos viendo tu programa favorito” y a continuación aparece “Del tomate”, que se lee todo junto, es decir, se lee “seguimos viendo tu programa favorito: Del tomate”, no, estoy viendo Del tomate porque no hay nada, no porque sea mi programa favorito, y además si después de Del tomate aparece otra cosa esa otra cosa no puede ser también mi programa favorito porque mi programa favorito es uno solo no son 5 programas, debería decir en todo caso “estás viendo uno de tus programas favoritos”, porque si miro el canal Volver desde las 14 hasta las 19 horas de repente veo 6 programas que son mi favorito y que por ende se anulan el uno al otro y eso me hace enojar por tomarme por estúpido y me hace exigir que sí, que por favor sea Volver el primer canal que el Grupo Clarín se saque de encima, porque, específicamente, no aguanto más esos separadores hechos por un oligofrénico.
Esto sin decir nada de que, en este momento histórico, ayer, volvieron a programar a las 13 horas “La Fiesta de Todos” para que volvamos a ver Macaya Márquez apoyando la dictadura militar. Son tan brutos que ni se dan cuenta que deberían dejar de pasar el opus castrense de Sergio Renán para preservar aunque más no sea lo poco de dignidad que le queda a uno de sus emblemas.
Para finalizar, no va a cerrar Volver, lo van a vender, y lo van a vender porque es el canal que menos les interesa, si tan preocupados están por “la memoria”, vendan los demás y quédense con Volver, para que podamos seguir viendo nuestro “canal favorito”.
Estoy atrasado con las entregas, así que para ponerme más o menos al día y que no queden tan viejos en la consideración de la amable blogoplatea, a partir de hoy y por dos semanas, queda inaugurado el primer plan quinquenal de currículums mortaes, con Esteban Bullrich.
Mauricio Macri en 2003 tenía un partido, Compromiso para el Cambio, lo recordarán, con el que perdió su primera aventura electoral. Ricardo López Murphy poseía otro, Recrear, con el que hizo un buen papel en las presidenciables de ese mismo año (16,37 por ciento), la del recordado ballotage, con la Rata huyendo por tirante. Para las legislativas de 2005 ya tenían un frente -la Propuesta Republicana (Pro)- inventado por un creativo publicitario. Con ese sello ganan. En 2003, Esteban Bullrich era candidato a legislador por Recrear.
La historia que recorre esta síntesis política de consensos y acuerdos programáticos requiere poner un poco de atención en el rol de este muchacho, hoy segundo candidato del Pro detrás de Gabriela Michetti. Bien parecido, con linaje de aristócrata, 3 hijos divinos e intachable conducta cívica.
En 2005, naturalmente, diría Macaya Márquez, la derecha se abroqueló y ganaron las legislativas a nivel porteño. El espacio se consolidaba; Macri ansiaba la jefatura y el Bulldog ser presidente. Pero dos años después los entonces socios ya no eran pares. Macri tenía las mejores expectativas en 2007 para lograr su objetivo mientras López Murphy caía y caía. Por todos los medios se lo intentó bajar pero el terco líder de la derecha honesta fue igual.
Es sabido, Macri le sacó el apoyo del Pro, le bajó el pulgar, y ganó en segunda vuelta con el 60,94 por ciento de los votos. López Murphy y su delfín Bullrich obtuvieron un dignísimo 1,43 por ciento a nivel nacional.
Esteban, la nueva cara de la derecha, se obligó a la difícil tarea de agarrar a Recrear por las astas en 2008: se llamó a una elección interna por el liderazgo, compitió con el mismo López Murphy, hizo fraude –según denuncias del propio Bulldog- y se quedó con el sello, para fundirlo y asociarlo al Pro. Lo que se dice una actitud proba para con su mentor político.
El joven, de 40 años, se desempeñó profesionalmente como director comercial de San Miguel SA, líderes en la producción de limones a nivel mundial. Después fundó la consultora Fruitful Thinking S.A especializada en exportación de productos frutícolas.
Los que conocen su posterior trabajo legislativo, sus acalorados debates, empeño y conocimiento parlamentario, sospechan que Bullrich continúa ligado a la actividad privada: nunca dejó de mandar fruta.
Hace unos días estoy buscando el afiche o el reclame, como le dicen los uruguayos a las publicidades, de la bebida gaseosa Doble Cola, no sé si la vieron: dos gemelos y el eslogan “disfrutá el doble”. Es lo menos. Pensaba poner la foto de los hermanitos bajo el título el fracaso del marketing. Tanto esto es así que en toda la web se menciona casi nada sobre la marca; nada, bah. Sólo la certeza que la fabrica y distribuye la empresa que hace Pritty limón, que dicen que es muy rica.
No puedo seguir dedicándole mi esfuerzo al rastreo inútil de la campaña publicitaria que además se toca mucho con Mi Preferida que es llegó refrescoRinde 2, pagás un litro y llevás dos, otro hallazgo de la industria alimenticia que se apoya en el supuesto desdén por la rima consonante, cuando en verdad es todo lo contrario, la búsqueda de la excelencia. Nolugareña la reformuló como llevas un Windows y te dan D.O.S.
¿Ustedes se preguntarán a cuento de qué viene todo esto? A cuento de nada, sería mi respuesta, pero quisiera agregar algo sobre la marca de fernet 1882.
En principio renegar de las cosas con nombre numérico, siempre a mano de la confusión de la dama y el entrevero del caballero. Al día de hoy no le pegué una sola vez al libro de George Orwell, nunca me acuerdo cómo se llama ese poema de Borges tan lindo que dice “un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar”, y así podríamos seguir con cosas con nombres de más de dígitos como el libro Fahrenheit Algo de Ray Bradbury.
Más allá de ese pequeño detalle que logra que al momento de pedir el fernet se nos ponga en blanco la mente hasta que de tanto titubear pidamos un Vittone, quería, sí, en cambio, hablar bien de su campaña de marketing.
De capitales cordobeses esta marca en clave numérica toma maneras de publicidad no tradicionales que son geniales. La más conocida por los porteños fue ese happening con mil y pico de Cocas Sarlis al lado de la flor de aluminio rara esa. Pero además, como bien dijera el che, el mejor de los nuestros, al decir del General, “hay que crear, uno, dos, mil [ochocientos ochenta y dos] Recaldes”, y qué mejor que ubicarlos en una sierra. Eso es foquismo, es política social focalizada, no es universal, son 1882.
También pusieron la misma cantidad de delfines y flotadores de pileta en artificial cerro. Son unos genios.
Leí por algún lado y me contó Gonina que organizan catas, tipo desafío Pepsi, sin publicidad, contra Branca, pero no para ganarle, sino para perfeccionar el fernet, para amoldarlo al gusto del argentino, para personalizarlo. Parece ser que siempre habría dos o tres catas en algún lado de la ciudad haciéndose. Les tiro una buena idea: organicen una cata entre Catarina Spinetta y Catalina Dlugi, con 941 gigantografías de una y otra.
También se pusieron al hombro una cruzada para incluir la palabra fernet en el diccionario, mediante misivas dirigidas a la Real Academia Española, y todo. Ya que está escribanlé a Microsoft para pedirle que el corrector del word no modifique fernet por Bernet.
Llenaron la Docta con fotos de 1882 animales poseídos, sin ninguna explicación más que la nada, perros y demás bichos con los enajenados ojos que las cámaras digitales le proyectan mediante sus flashes, Señor Juez, Luis, no más preguntas.
Me despido con las palabras que Fito Páez le expresara entre copas a Víctor Santa María en el lobby del Faena: “Preferiría andar borracho en el suterh".
Sólo otro emo peronista está nominado para los Premios Estímulo de Tea en la categoría blogs y sitios de internet, y es un alegrón, por una terna de motivos.
Porque soy ex alumno de Tea y le tengo un cariño grande a la institución, maravillosos 3 años pasé ahí.
Porque estoy nominado junto a Fabián, el Conu, mi amigo, que se lo merece, más que yo.
Porque está re bueno el reconocimiento.
Hace bastante tiempo atrás, junio de 2005, empecé con este blog más o menos como hoy se lo conoce (antes había tenido un fallido intento que data de septiembre de 2004). No imaginaba entonces los alcances que tiene esta herramienta. Las alegrías, amigos, trabajos, amores, redes, que me deparó fueron tan incontables como un abstracto sustantivo sajón.
Cierto es que también uno lo labura, bastante, le pone tiempo y ganas, sin un beneficio inmediato.
Obviamente ya estoy hecho con la nominación.
Los únicos que pueden votar son los alumnos y ex alumnos de Tea, así que si conocen a alguien, o usted mismo, señor, muchacha, lo es, y quiere votarme, o votar a cualquier otro candidato, me avisa a chupetometro@hotmail.com y le reenvío el mail.
Los nominados son, en mi categoría, por orden alfabético:
El día a día confundió en mi memoria cuándo fue, pero tengo claro que lo miraba con cariño desde antes de conocer su blog, rambletamble, desde antes de conocerlo.
Es un ser sarcástico e inteligente, eso lo saben todos, pero además es atento y muy generoso, y no sé si ese detalle, fundamental, es muy conocido.
Quienes pertenecemos a la blogósfera nac&op lo tenemos como un gurú, y se lo ganó no sólo por manejar información de primera mano si no también porque lee todo, linkea que da calambre y aporta una mirada propia y valiosa a fenómenos complejos.
Muchas veces llegan a este blog comentaristas que a cuento de nada lo enuncian con desagrado. Fiel a mi política de no moderar comentarios los dejo permanecer y transcurrir, que siempre quiere sugerir, la nada misma. Todos anónimos, minoritarios, testimoniales, nulos, siempre menores al 3 por ciento del padrón.
A lo mejor si él no estuviese ya muchos de nosotros no estaríamos tampoco, o no hubiéramos siquiera estado, tecleándole a la nada teoremas sin sentido.
Artemio es el hecho maldito del internet burgués.
Si no te convence con sus eh’s -el equivalente fónico de los pss’s-, te tira el acoplado encima, puñetazos a la mesa a repetición y carcajadas sin par.
Cierto halo de nihilismo que trasmite se traduce en "tienen que hacerlo ustedes".
Particularmente te quiero mucho Artemio López y te deseo un cumpleaños feliz.
Quería agradecerte José María Aguilar, con esta sentida misiva de despedida, por haber sido el tipo que supo convencernos de que el progresismo dirigencial en el fútbol nuestro era posible. Florida y docta verba, en partes iguales, que allá lejos, dos períodos presidenciales atrás, nos deslumbró. Oratoria que nos hizo ilusionar con un mundo mejor, e, incluso, envidiar, ay, de vuelta, a River Plate, por tener un dirigente a la altura de las ideologías, nosotros, con Mauricio Macri haciéndose patrón de la Casa Amarilla.
Quería agradecerte José María Aguilar porque supiste convencer a los socios futboleros más educados de este país de incluso lograr la reelección, a pesar de los ya entonces magros resultados deportivos, postergando 4 años más tu reinado. Es cierto, cada vez con menos exposición pública, pero, a cuentagotas, con declaraciones que argumentaban con capacidad y elocuencia las negativas de Francescoli a todo, los ídolos históricos jugando en San Lorenzo, la contratación de Paniagua, los barras empleados por el club que mataban hinchas, la enésima gambeta contractual de Ramón, los sobres a Recondo.
Quería agradecerte José María Aguilar porque supiste encarnar como nadie el ladriprogresismo de época, pero trasladado a la pelota. Quién hubiera dicho que eso pudiese ser posible en el club más aristocrático de este país, los Millonarios votando al más progre. Porque tras el orgullo del colegio propio, lograste que en los quinchos no se precise para el asado de ninguna chispa para encender el fuego, conseguiste que no existiera la necesidad de celebrar ninguna alegría para que vuelen los corchazos en fin de año. Por la llegada de tantas bandas internacionales, por el show de Jonas Brothers.
Quería agradecerte José María Aguilar especialmente por la política de compra venta de jugadores. Cuando joven miraba con odio y envidia insana las inferiores de tu club, que como continente recién descubierto ofrecía materia prima valiosa, pero barata y en cantidad. De 3 a 7 jugadores de nivel internacional por año, que se quedaban sus buenos campeonatos, ganándolos. Con qué alegría veía llegar centrales que no serían titulares en los Pumas de la UNAM: Paco Gerlo, Talamonti, Ameli, Nico Sánchez, Cabral.
Quería agradecerte José María Aguilar también por lograr cosas impensadas en mi remota infancia, que River pudiera perder de local con cualquiera, que no encuentre la pelota en 90 minutos, que los hinchas tuvieran de ídolo a un tipo, Fabbiani, que aún no había jugado un solo minuto con la casaca de la banda. ¡Que los más grandes hayan en un campeonato salido últimos, lejos! Pequeñas alegrías que sé no se repetirán nunca más y que agradezco haber presenciado, para poder contar en mi vejez a ocasionales e incrédulos jóvenes.
Quería agradecerte José María Aguilar por generar una política interna riverplatense con un nivel de rosca que reduce a los legisladores de la oposición del congreso nacional a la estatura de pichis, de aprendices. Tenés que ir a dirigir un posgrado sobre Conducción Política a la Universidad de San Andrés, grosso.
Por vender todos los mejores jugadores rápido, en paquete, y por dos pesos. Por haber logrado que los únicos pases que se triangularon con final feliz no hayan sido para manejar la pelota en el medio campo, sino para evadir impuestos. Por generar un River contrito, que puede fallar, humano. Eso iguala al fútbol, es la distribución de la grandeza; necios, los que lo niegan.
No voy a decir nada malo de José María Aguilar, porque -como dijo Alejandro Fabbri en alguna tribuna universitaria hace poco- en este blog no sé puede hablar mal del presidente de River, es un verdad tácita, que nos bajan desde arriba.
Por todo ello, estarás eternamente en mi recuerdo José María Aguilar, amigo.
El problema no es lo que dice Pino Solanas sino lo que calla. Se planta a la izquierda del kirchnerismo blandiendo los lauros de su carrera cinematográfica, sin armado, desde su inequívoca oposición al menemismo, acompañado de un grupo de intelectuales y economistas de izquierda, y se consagra como la opción progresista fetem fetem en capital, electorado testimonial si los hay. Y con eso le alcanza y le sobra para venir cosechando buenos resultados electorales. Pino, otro espécimen que prioriza comandar un sello partidario a ser parte de un movimiento, declama florido desde la banquina de la representación electoral. Eso vendría a ser el antiperonismo, entendiendo al antiperonismo no como un síntoma epidérmico eruptivo sino como el elegir perder a pretender ganar. Sus aliados se los puede contar con los dedos de una mano, de una mano simpson. No estoy en contra de su participación, no se malentienda, no interesa Solanas. Interesan sus votantes. Un voto a Solanas es un voto de las minorías citadinas imprácticas que prefieren votar con la conciencia que con la razón. Chequeemos sus silencios y sus compromisos: votó a favor, a través de Claudio Lozano, de los grupos concentrados de la economía en la noche de la 125; participa de todas las tribunas de los grandes medios sin decir palabra sobre la ley de servicios audiovisuales; no se lo ha escuchado nunca criticar con vehemencia al gobierno porteño. Curiosa ubicuidad parlamentaria distrital que dirige sus dardos al gobierno nacional en vez de a su competidor inmediato, prefiere sacarle votos al progresismo a marchar con los docentes: juega para la derecha. Otro ítem que demuestra este accionar es el tema la minería: el tipo, al estilo de las izquierdas europeas, plantea dejar de explotar los minerales desde una mirada medioambiental sin explicar qué tiene que hacer, por ejemplo, una provincia en extremo pobre como San Juan en caso de perder ese ingreso vital, así como tampoco se preocupa en desasnarnos sobre qué haría para emplear a los cientos de trabajadores mineros sanjuaninos que masivamente echaría a la calle. Porque no le interesa solucionar el tema, le interesa mostrarse crítico por izquierda. Y se sabe, en términos territoriales quien no construye es baldío.
Este currículum generó sus polémicas, siendo el único por ahora en motivar no uno sino tres mails de lectores que se vieron disgustados por diferentes partes del texto. Una de las cuales edité en este post.
Hubo un tiempo, remoto, en el que no compraba Página/12 los domingos. Nunca, o casi, lo compré entresemana. Me remonto entonces a ese tiempo impreciso en donde el suplemento Radar era una novedad, cuando era exótico, cuando tenía menos de 20 años. En aquel tiempo me impresionaba ya la calidad de ese suplemento cultural, lejos, el mejor de la Argentina, mil veces mejor que los más contemporáneos Ñ o Adn. Aunque en estos días no esté saliendo genial, o es que no me importa tanto ya su temática, o es que me cansé, o es que tengo mucho para leer.
Cuando empecé a comprar el Página del domingo me fue imposible tirar los Radares, no sé por qué, me parecían más “trascendentes” que un suplemento de un diario. Se me hacían revistas. Las revistas no las tiro, las tengo todas juntando polvo en algún lugar no tan transitado de la casa. Guardo hasta revistas de interés general. Tengo la colección incompleta de TXT (me falta una). Tengo revistas que no existen más, revistas que siguen existiendo y hasta “publicaciones” que no llegan ni a “revistas”.
Tengo algunas Latido, Veintiuno (la del agujero), Gente, TresPuntos (la de Astiz), Cerdos & Peces, Vestite y Andate, La Mano, Un Caño, Veintidós, Patoruzú, Caras y Caretas (viejas y nuevas), Bipolar, UrbanConexion, G7, El Gráfico, Veintitrés, Caras, RollingStone, Plan V, Goles, Inrockuptibles, La García, etcétera.
Fiel a este sentimiento acopiador durante mucho tiempo guardé las Radar, que son inguardables, porque se amarillean, se llenan de polvo, más de lo normal, pero, especialmente, porque precisan de un volumen, de un espacio, que no tengo. Así que les conseguí una caja y las metí adentro y las subí a una baulera.
(Vale aclarar -ese es el motivo del post- que no llego a leerlas nunca, entonces las guardo, y un día de agosto frío y húmedo que vendrá, o un día de febrero cálido y húmedo que también vendrá, repaso los números, leo las notas que quedaron en espera, y las guardaba.)
Las guardaba hasta que tuve que hacer fuerza para que entren en la caja. Hasta que aún haciendo fuerza ya se sobresalían. En ese momento me vi obligado a una tarea ciclópea, que incluyo varios días húmedos, y que resonaron en mi nariz con la prepotencia de la alergia: repasar de todos los números los que sí debía guardarme y tirar los demás, para celebración de un cartonero. Los motivos que inclinaron la sobrevida de un puñado de Radares fueron esencialmente dos: o una gran nota o una gran tapa de Alejandro Ros, diseñador gráfico del suplemento y genio no reconocido de Las Artes.
Ya sería hora de que a alguien se le ocurra editar Radar en un formato más práctico, para guardar, para leer en el trasporte público de pasajeros, para que se convierta en una revista hecha y derecha (y no echarla). Como el suplemento Soy, sería genial, pensalo Sokolowicz.
Y sucede, ahora sí voy al tema, que Página/12 trae una cantidad de información que nadie con una trabajo estable y una vida social normal puede asimilar.
Divido lo urgente de lo que puede esperar. Las que son de lectura obligatoria, porque hay muchas cosas que ya ni miro. Primero leo lo que mañana será viejo. Dejando para después todo lo demás. Que hay veces, pocas, que se puede leer, ese todo lo demás, el mismo domingo. Sumado a todo esto que ahora escribo en Miradas al Sur y que a lo ya sumamente largo de la lectura dominguera le tengo que añadir una lectura concienzuda del Miradas.
A continuación las cosas que no leo de Página/12: críticas de libros (salvo a Fernando Bogado y a Ángel Berlanga), Santiago O’Donnell, no leo más deporte que una buena nota de Veiga (y los horarios de los partidos), no leo espectáculos (a condición de algo muuuy interesante), no leo temas de género, no leo política internacional, no leo policiales, no leo a Kollman.
Parece que no leo nada, que compro el diario al pedo. Pero ya una nota de Verbitsky diagramada en letra normal en hojas de un libro serán, más o menos, 8. Adicionale a Natanson, y tenés otras 3. Sumale a Wainfeld, ¿4 más? Añadile la contratapa, ocasional, que serán otras 3. Alguna pavadita, una entrevista, El baúl de Manuel, la contratapa de Cash, muy pocas veces la contratapa de Turismo, si tenemos suerte, nada más, pirulo y chistes, ¿cuánto sale? Mínimo, te colaste, 25 páginas.
Si a esto le agregás las notas (muy interesantes) de Radar, las que querés leer por gusto ese domingo, el suplemento de Feinmann del peronismo (que lo leo entresemana o todo junto cuando se acumulan más de 5), me pregunto, ¿a quiénes se están dirigiendo con la colección reciente de Los 40 de Anagrama?
40 libros de la famosa editorial española, creía semanales, gracias a un dios, cada 14 días. Porque no tenemos tiempo.
Me pongo contento cuando sacan una colección de algo que no me interesa, llegan a ese punto, por ejemplo la colección completa de Bayer, que, todo bien con Osvaldo, pero no me voy a colar su legado en cuatro meses.
Pero no, a los señores se les ocurre sacar una colección más que muy súper interesante (¡a 9 pesos!) con los siguientes títulos, por orden cronológico:
César Aira: Váramo; Pedro Almodóvar: Patty Diphusa; Martin Amis: Visitando a Mrs. Nabokov; Paul Auster: La habitación cerrada; Alessandro Baricco: Los bárbaros; Djuna Barnes: Humo; Julian Barnes: La mesa limón y otros cuentos; Mario Bellatín: Damas chinas; Thomas Bernhard: Sí; Jean Baudrillard: La izquierda divina; Roberto Bolaño: La universidad desconocida (fragmentos); Pierre Bordieu: Sobre la televisión y otros artículos; Jane Bowles: Placeres sencillos; Charles Bukowski: Escritos de un viejo indecente y otros relatos; Raymond Carver: Catedral y otros cuentos; Noam Chomsky: El gobierno en el futuro; Colette: Dúo; Copi: Virginia Woolf ataca de nuevo; Roald Dahl: Relatos de lo inesperado; H. M. Enzensberger: El perdedor radical; Michel Foucault: Nietzsche, Freud, Marx; Witold Gombrowicz: Autobiografía sucinta, textos y entrevistas / Correspondencia con Jean Dubuffet; Michel Houellebecq: El mundo como supermercado; Ryszard Kapuscinski: La guerra del fútbol; Hanif Kureishi: Mi hermosa lavandería; V. I. Lenin: Testamento político; Pedro Lemebel: Loco afán; Groucho Marx: Las cartas de Groucho; Ian McEwan: Primer amor, últimos ritos; Vladimir Nabokov: Una belleza rusa; Amélie Nothomb: Cosmética del enemigo; Kenzaburo Oé: La presa; Alan Pauls: Historia del llanto; Ricardo Piglia: Prisión perpetua; Oliver Sacks: Un antropólogo en Marte y otros relatos; W. G. Sebald: Sobre la historia natural de la destrucción; San Shepard: El gran sueño del paraíso; Antonio Tabucchi: El ángel negro y otros cuentos; Tom Wolfe: Las décadas púrpuras; y Alejandro Zambra: Bonsai.
¿Cuándo quieren que lea esos libros?
Y algunos subestiman a Página/12 porque dicen que es oficialista.
Cuando pienso en el abogado Ricardo Monner Sans se me vienen a la cabeza inmediatamente las chicas de la mesa de entradas de Tribunales codeándose “ahí está de vuelta”. Rutina: se levanta a las 5.30, prendé la radio y recibe todos los diarios. Tira los clasificados, los suplementos, para no distraerse. Escudriña todas las secciones políticas. Con el marcador rojo enmarca todo lo que pudiese ser una denuncia. Tren Bala. Aerolíneas. El carácter confiscatorio de las retenciones. Los llamados de De Narváez al capo de la efedrina. Una posible censura a la libertad de prensa. Los fondos de Santa Cruz. El consejo de la magistratura. El Indec. La mar en coche. Reconozco su valioso aporte durante la dictadura como defensor de presos políticos, actitud que no fue norma entre sus colegas en aquellos días de facto. Y no es que crea que su labor no sea meritoria. Le critico la sobreexposición. Un bloguer amigo, Aguilucho, contó que en la producción de Radio América se decía que para que salga al aire no había que llamarlo a Monner Sans, sólo había que pronunciar su nombre más o menos fuerte. La misma presidenta Cristina Fernández tiró desde una tribuna: “Como se dice por ahí: un vaso de agua y una denuncia de Monner Sans no se le niegan a nadie”. Y me pasa, sin querer traslado el accionar público de la gente a su vida cotidiana. Día por medio recala en la administración del edificio y presenta una denuncia contra el pibe del noveno be, por la música alta o por unos extraños y dulces olores, lo mismo da. Le hace un pedido de informe a su mujer porque se acabó el aceite de oliva. Ay de sus hijos, si es que tiene, cuando le traen el boletín o el cuaderno de comunicaciones. Está súper atento sobre todo lo que pudiese llegar a ser un delito para ponerse el ambo más cuadriculado del vestidor y mandarse lo más campante y triunfal a cumplir con su obligación ciudadana. Pero no todo es causal de una investigación formal. Cada causa que abre, Doctor, suma más trabajo a un poder judicial hipersaturado, y lo sabe. Una vez por semana desde hace 10 años va a tribunales y hace una denuncia. Eso es un montón de plata. Tendría que autopresentarse una pedido de informes por posible malversación de fondos públicos.
La señora Carrió enfoca esta cuestión como una discusión entre la Presidenta y la señora de Noble como si fuera una ley hecha para perjudicarla. Eso es un infundio, una mentira. Pensar que me convocó para ser candidata a senadora cuando empezaba con el ARI, asistió al entierro de mi marido, estuvo en mi casa cuando atentaron contra mi vida. Pero creo que ahora llevó adelante un aprovechamiento político muy feo por la enemistad que manifiesta con la Presidenta actual. Quiere irritar a los que no quieren mucho a Cristina para que opinen sobre una cosa que es estrictamente de derechos humanos e incumbe a las Abuelas. Y así perjudica el encuentro de los nietos que estamos buscando.
Aprovechando que Osvaldo Bazán sigue asustándose, como un burgués, recordé un viejo post de Juan Pablo Mansilla en el que se daba difusión a una carta que Gabriela Esquivada le mandó a los directivos de Crítica en relación al mencionado periodista, editor de Cultura de ese diario. Es larga pero interesante.
En principio porque está muy bien escrita -Esquivada es muy grossa-. Segundo, porque es una clase de periodismo, para quienes le interese el oficio desde la nobleza, y no desde la quintita de poder. Y finalmente, para qué negarlo, porque lo deja a Bazán masticando bronca.
Tiempo estimado de lectura: 4 horas 10 minutos.
Iba a enviar este texto a menos gente y el miércoles, cuando Jorge regresara, pero el lunes, cuando me presenté a trabajar, me encontré convertida en objeto de chisme en la redacción, lapidada con susurros por un presunto maltrato al editor de Cultura, que había enviado un mail limitado a Lanata, Guillermo Alfieri, Andrea Rodríguez, Daniel Capalbo y yo, pero que por alguna curiosa vía salía de la impresora de la redacción hacia ávidos lectores.
No vine a eso a este diario. No podría someterme a esa injusticia.
En consecuencia, lamento tener que aclarar las falsedades e insultos del mail de Osvaldo Bazán, pero debo hacerlo para que mi silencio no implique aceptación. Me hubiera gustado poder esperar un apoyo de la dirección pero la incomodidad que me provocó la circulación de rumores de hoy me lleva a defenderme.